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Una de las preguntas que más me hacen amigos y conocidos es ¿Cómo saber a qué tipo de terapia acudir? Ya que existen diversas corrientes dentro de la psicología y cada una trabaja un enfoque diferente.

A mí me gusta decir que escoger un enfoque terapéutico es como ir a comprar zapatos, tienes que encontrar tu estilo y tu número, el que mejor te acomode a ti.

Yo trabajo bajo una teoría llamada Psicoterapia Gestalt Humanística. El humanismo es la tercera fuerza de la psicología, el conductismo la segunda y el psicoanálisis la primera.

De momento no me voy a detener hablar de las primeras dos ya que se extendería demasiado el articulo y el interés primordial es darte a conocer la Terapia Gestalt.

La teoría Gestalt fue desarrollada por Fritz Pearls en el año 1920 en Alemania. Surge como una reacción a la corriente psicoanalista de la época.

Uno de los fundamentos centrales de la teoría Gestalt es que la persona está formada por su condición biológica y por su experiencia con el entorno.

Es decir, se centra en la relación organismo – entorno y su interacción entre ambas.

Uno de los aspectos centrales es el fundamento del “awareness” traducido al “darse cuenta” estableciendo que cuando una persona es capaz de darse cuenta es posible que se vuelva más consciente y responsable de sí misma logrando autorregularse. Por ende, lo que se busca es promover el desarrollo de la consciencia.

Para la Gestalt la consciencia es lo que nos permite darnos cuenta de aquello que pasa tanto en nuestro interior como en nuestro exterior.

La teoría Gestalt establece que, al desarrollar una nueva consciencia, el paciente puede escoger nuevas formas de responder, comenzar a moverse de una manera distinta a como lo venía haciendo. Al dar nuevas respuestas, el entorno también responderá diferente. El paciente puede comenzar a sentirse más autor de su propia vida y no un mero espectador; incorporando a su experiencia nuevas maneras de autorregularse.

La terapia Gestalt es una forma de estar en el mundo a través de vivir el aquí y el ahora, experimentando lo real, poniendo énfasis no sólo en los pensamientos sino también en emociones y sensaciones, buscando una consciencia total. Dejar de pensar cosas innecesarias, dejando atrás lo que fue, busca la expresión, asumir responsabilidad, cuidar las expectativas y aceptarnos como somos para que de esta manera podamos vivir plena y conscientemente desde nuestro presente.

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