Mucho se escucha de que ya lo pasado pasado, lo que fue ya fue y hay que dejarlo ir… pero realmente que pasa cuando ese pasado nos sigue doliendo.
Si el pasado duele es porque sigue presente…
De ahí la importancia de permitirte sanar ese pasado, ya que muchas veces en existen muchos dolores, experiencias no procesadas y algo que nosotros los psicólogos llamamos heridas de la infancia.
Sanar las heridas del pasado nos permite ser adultos felices con un sentimiento base de tranquilidad. Nos permite dejar de ir por la vida exigiendo y sintiendo que no me dan lo que me merezco y con temor a estar solo.
Las heridas de la infancia, están en lo profundo de nosotros, son sentimientos y emociones que vivimos de niños y que nos dejaron una huella de dolor.
De niños éramos dependientes y no teníamos control de lo que pasaba a nuestro alrededor lo que a su vez nos pudo haber ocasionado daño emocional así como sentimientos de impotencia.
Cuando somos niños no tenemos los recursos internos suficientes para hacer frente a situaciones desagradables. Al no tener estas herramientas emocionales adecuadas para enfrentar situaciones de traición, de rechazo, abandono, humillación o injusticia se genera una herida de la infancia.

Como adultos intentamos esconder esta herida por lo que creamos una mascara, escondiéndonos detrás de:
- Autoexigencia
- Control
- Codependencia
- Victimismo
- Rescatando a los demás
- Estando a la defensiva
- Manipulación
El primer paso para comenzar a sanar las heridas de la infancia es aceptar que, si pasó, atrevernos a reconocer el dolor y el enojo. Darnos el permiso de revisar nuestro pasado con el fin de poder tener un presente pleno.
Se trata de atrevernos a voltear la mirada desde nuestra parte adulta, dejando de idealizar a los padres. Comenzar hacernos responsables de nosotros mismos, asumiendo nuestro pasado y entendiendo nuestro sentir en el presente. Las Heridas de la infancia se curan con consciencia, llevando luz donde antes había oscuridad. Con el fin de poder ser más libre, dejar solo de sobrevivir para comenzar a desarrollarte desde todo tu potencial.
Así que puedes comenzar a preguntarte ¿Yo desde donde salgo a resolver, desde mi niño herido o desde mi adulto responsable?

