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Empecemos con una historia:

Una zorra que descansaba debajo de una plantación de uvas, vio unos hermosos racimos de uvas ya maduras, Deseosa de comer las uvas la zorra se levantó, se remangó y se puso manos a la obra para alcanzarlas.

Los racimos de uvas estaban mucho más altos de lo que ella imaginaba. Saltó, saltó, pero sus dedos no conseguían ni tocarlos. Cansada por el esfuerzo y sintiéndose incapaz de alcanzar las uvas, la zorra se convenció de que era inútil repetir el intento. Las uvas estaban demasiado altas.. Agotada, resignada y frustrada, la zorra decidió renunciar a las uvas.

Cuando la zorra regresaba al bosque se dio cuenta de que un pájaro que volaba por allí logro alcanzar el racimo de uvas, la zorra se sintió avergonzada. Creyendo que había hecho un papel ridículo para conseguir alcanzar las uvas, la zorra se dirigió al pájaro y le dijo:

– Yo habría conseguido alcanzar las uvas si hubieran estado maduras. Me equivoqué al principio pensando que estaban maduras pero cuando me di cuenta de que estaban aún verdes, preferí desistir de alcanzarlas. Las uvas verdes no son un buen alimento para un paladar tan refinado como el mío.

Y así fue, la zorra siguió su camino, intentando convencerse de que no fue por su falta de esfuerzo por lo que ella no había comido aquellas riquísimas uvas. Y sí porque estaban verdes.

Este es un ejemplo perfecto de lo que es una disonancia cognitiva, es una manera que tenemos que auto engañarnos; ya que en muchas ocasiones la forma en la que te ves a ti mismo y lo que está sucediendo a tu alrededor entran en conflicto, lo que resulta extremadamente incómodo.

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El psicólogo social Leon Festinger sugirió que los individuos tienen una fuerte necesidad de que sus creencias, actitudes y su conducta sean coherentes entre sí, evitando contradicciones entre estos elementos. Cuando existe inconsistencia entre éstas, el conflicto conduce a la falta de armonía de las ideas mantenidas por la persona, algo que en muchas ocasiones genera malestar. Este displacer puede llevar a un intento de cambio de la conducta o a defender sus creencias o actitudes (incluso llegando al autoengaño) para reducir el malestar que producen.

En ocasiones con tal de no sufrir mayor incomodidad, aceptamos mentiras como  verdad.

Por ejemplo: En una relación con un narcisista creer que todo lo que te dice es cierto porque en apariencia es mas fácil aceptarlo que reeplantearte la relación.

Buscamos que nuestras creencias se adapten a la realidad. Manipulamos la información para que encaje queriendo evitar de esta forma la fricción que se podría mantener entre la realidad y lo que yo creo. Sin embargo, eso nos vuelve vulnerables a toparnos una y otra vez con las consecuencias de esa contradicción encubierta que no hemos resuelto realmente.

Puede ser que también hagamos profecías autocumplidas es decir, que busque yo mismo confirmarme mis teorías y creencias acerca de la vida. Por ejemplo:

Todos los hombres son infieles. Y a nivel no racional buscar relacionarme únicamente con un perfil de hombre de este tipo para así yo poder comprobarme que tenia razón.

La realidad es que si se genera un conflicto mental cuando los comportamientos y las creencias no concuerdan. Frente a esto siempre existe la opción de actualizarse y repensar o de buscar encajar la creencia a lo que yo necesito.

La disonancia cognitiva genera sentimientos de intranquilidad y tensión, y las personas hacen diversas estrategias para aliviar esta tensión que va desde  “explicar las cosas” hasta  rechazar información o nuevos entornos si  contradicen sus creencias existentes.

Las personas que experimentan disonancia cognitiva pueden notar que se sienten:

  • ansiosas
  • culpables
  • avergonzadas

Como resultado, pueden:

  • intentar ocultar a los demás sus acciones o creencias
  • racionalizar sus acciones o elecciones continuamente
  • alejarse de conversaciones o debates sobre temas específicos
  • evitar conocer información nueva que va en contra de sus creencias existentes

Quienes viven en disonancia cognitiva, pueden continuar manteniendo comportamientos, que van  desde relaciones tóxicas, hasta  trastornos alimenticios y adicciones.

 

 

 

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