Hay un dicho por ahí que dice que, muerto el perro se acabó la rabia. Suena un tanto fuerte, pero me parece que justo eso es lo que pensamos que pasa cuando salimos de una relación tóxica.
Pensamos que, por ya no estar ahí con esa persona, al tema se le da carpetazo y salimos tan puros y enteros como antes de la relación.
Puede ser que en muchas ocasiones así sea; pero también suele pasar que, al comenzar una nueva relación, una relación más sana, nos damos cuenta que muchas conductas, miedos y desconfianzas se quedaron en nosotros.
¿Qué es lo que pasa? Somos seres de hábitos, de costumbres, de experiencias. Experiencias que se quedan en nosotros (en nuestro sistema nervioso) y desde ahí respondemos al mundo. Nos creamos y nos significamos a partir de esas experiencias, es por eso que en muchas ocasiones reproducimos esos comportamientos.
Puede ser que durante meses o incluso años viviste esa relación tóxica, con muchas pautas de comportamiento que en su momento hayas justificado e incluso hasta normalizado, eventos diarios te hayan estresado tanto que se volvieron parte de tu dosis de cortisol diaria y habituada y uno se acostumbra también a eso.
Transitar de lo insano a lo sano es difícil.
Puede ser que en tu nueva relación te encuentres repitiendo patrones de ansiedad, de celos, de desconfianza, de miedo, de control, reclamos, jugando al desnivel y no permitiéndote mostrarte vulnerable frente a la nueva persona por miedo a que te lastime; y todo esto porque es lo que ha sido conocido y aceptado por ti los últimos años.
Al terminar una relación se vive un duelo, es una pérdida. Un duelo bien transitado implica resignificar la pérdida. Re significar lo aprendido, es decir, quién soy yo después de esta experiencia, que he construido a partir de esta relación y que decido ser yo a partir de esto.
Muchas veces en consulta con pacientes al hablar de este tema me dicen:
“Yo no era así…” o “Quiero regresar a ser el de antes”
Lamento decirte que, si bien no eras así, la relación tóxica si tuvo sus efectos en ti y que, si bien no vas a volver a ser el mismo de antes puedes trabajar contigo desde quien si eres ahora, desde la conciencia, con las lecciones aprendidas y acompañado por un buen proceso terapéutico que te permita sanar lo vivido, re descubrirte después de esa relación y re significar lo que perdiste en ella. Puede surgir una versión tuya, más sana, más consciente, más segura.

Acudir a terapia después de vivir una relación tóxica te permitirá también entender desde dónde o por qué aceptaste aquellos comportamientos en aquella relación pasada. Comprender y darte cuenta que te hizo engancharte a esa relación, promoviendo el no volver a una así otra vez. Un proceso terapéutico de permitirá trabajar tus límites y tu amor propio de manera que puedas llegar renovado y fortalecido a una relación en la que, si puedas encontrar un espacio de amor auténtico, con congruencia, confianza y crecimiento.


