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Una de las cuestiones que más me plantean mis pacientes en terapia es aquella que proviene del sufrimiento producido por el “Es que no debería de ser así…” o aquella muy famosa que dice “Es que yo estoy mal porque no debo ser así como soy ¿Por qué no puede ser diferente?”

 Quién es este Todo Poderoso que marca lo que debería y lo que no.

  • ¿Quién dice que no debe ser así?
  • ¿Quién dice que debes de ser de esa manera?

¿Quién dice? La sociedad.

Me gustaría que tomarás en cuenta el concepto de paradigma mental.

Los paradigmas mentales son todo este grupo de creencias que forman patrones o modelos de conducta específicos en cada individuo y generan en este una conducta predeterminada, donde no hay espacio para la innovación, el riesgo o cambio según la necesidad individual.

Un paradigma mental nos aleja de nuestra propia auto realización, nos encasilla y nos mete en una cajita muy rígida, generando sufrimiento por lo que pensamos que debería de ser y aquello que en verdad queremos.

A mí me gusta cuestionar aquello que nos dicen, es decir, hay que repensar lo que pensamos que pensamos. Ya que mucho de lo que nos marca la sociedad viene atado a un paradigma mental; lo que como diría Walter Riso en su libro Atrévete a Ser Quien Eres aunque No Gustes, “ Todo lo que se oponga a tu esencia y te exija asumir actitudes que no corresponden al contenido de tu consciente merece tu objeción.”

Para la sociedad (familia, pareja, amigos, trabajo, escuela) puede ser muy beneficiosos que tu no cuestiones aquello que se ha dicho e implementado, será más fácil controlarte y obtener beneficios de ti si no cuestionas; te limitarás hacer lo que se espera de ti.

Pero a nivel individual y de satisfacción personal el costo es alto. Puedes comenzar a experimentar sentimientos de frustración, desesperación, ansiedad y depresión.

La invitación es la siguiente, cuando se trate de ti recuerda que eres tú quien tiene la ultima palabra. Esta es tu vida y el compromiso es para contigo, no es una cuestión de egoísmo, es una cuestión de amor propio, incorpora a tu vida más de lo que quieres y no de lo que debes. Concéntrate más en lo que sientes y en lo que tú necesitas y no tanto en lo que crees que el mundo quiere de ti.

No te pierdas afuera.

Y recuerda que eres tú quién se define a sí mismo.